ASOCIACION
LIBRE
POR:
FABIAN AGUILLON B.
Lo seres humanos somos
poseedores del dominio y el poder del lenguaje, de la palabra, de la capacidad
para crear mundos indiscutiblemente fantásticos, tenemos la capacidad de hacer
de lo que sucede, una descripción única que termina envolviendo en palabras y
símbolos una explicación del mundo que llamamos “real”. Este mundo que llamamos
“real” y obedece las leyes de la física y de la cultura es básicamente una
construcción que lógica o irracional dirime cada una de nuestras actuaciones,
sensaciones y percepciones. Creer que lo que vemos es posible compararlo con lo
que ven los demás es una concepción que nos mantiene atados a un discurso
colectivo que apresa y encarcela, que evita que desde el lenguaje disfrutemos
de la libertad y mantengamos la esperanza. Nos han quitado a través de la
educación pragmática, la ciencia ortodoxa y el positivismo, la libertad de experimentar en la palabra, de
apoderarnos del dominio de nuestra personalidad y nos han puesto la vista en lo
superficial, en lo melifluo, en lo inmediato y lo automatico. Por ello y a manera
de resistencia he decidido participar en viceversa con la columna “ asociacion
libre”, en donde a través de la palabra y de manera catártica construiré mi
manera de ver el mundo y la compartiré con ustedes. Asociar libremente es permitir
sin premura, sin tiempo, sin condiciones, juntar y fusionar palabras que quien
las dice considera relevantes. En mi columna invito a la disidencia, a la
inconsciencia y a la revolución.
SIN
TIEMPO PARA PERDER EL TIEMPO
Termine la presentación de
mi columna refiriéndome al sinsentido de la vida cotidiana, de la rutina y el
automatismo, a la manera como vendemos nuestro tiempo. El tiempo para mi concepción
es subjetivo, es decir, que depende del observador, que no existe una manera de
cuantificarlo y mucho menos encasillarlo en calificaciones cualitativas de
beneficio, bondad o maldad. El tiempo es definitivamente en relación al sujeto
que es capaz de reconocer su existencia. Actualmente y bajo el paradigma del
éxito occidental, el tiempo se nos ha presentado como un objeto y una
propiedad, que por sí solo tiene un costo y un valor que es posible traducirlo
en dinero. Nuestra cultura de consumo y gasto idealiza el concepto de dinero y
lo traslada a absolutamente TODAS las esferas de lo humano y su naturaleza,
recordemos la frase más representativa de Benjamin Franklin “the time is
money”, el tiempo es dinero, marcando un hito de la era moderna, donde perder el
tiempo es perder dinero, donde quien desperdicia el tiempo es un perdedor.
¿Que les parece a ustedes
esta panacea del tiempo? Un tiempo restrictivo, autoritario e imperativo. ¿Será
que esta es la única forma de existencia que nos queda? ¿Que paso con los
tiempos de la narrativa, de compartir en un café historias y conversaciones, de
darse el tiempo para perder el tiempo?
Nos hemos convertido en
máquinas y a todo le ponemos un precio, convertimos un cuadro, una buena obra
de arte en pago por precio, pago por tiempo y aún más increíble pago por
talento, ¿desde cuándo el talento tiene precio? Desde cuando dedicarse a la
literatura, a la pintura o a la escritura se convirtió en una profesión, en lo
que yo recuerdo un artista trascendía con su talento porque pagaba un precio,
el precio de la soledad, del sufrimiento, sus vidas eran símbolos de tristeza y
la manera como recuperaban un poquito de aliento para seguir viviendo era a
través de sus obras, luchaban todo los días para no permearse de lo imperativo
e impositivo de la vida cotidiana. Se dieron “tiempo para perder el tiempo”,
descubrieron que el verdadero sentido de la vida era encontrarse con ellos
mismos, con su historia, con la naturaleza, y lucharon a muerte con la falsa
concepción de éxito, progreso y desarrollo.
No creyeron en la promesa
del paraíso y se empeñaron por construirlo a su manera . Aprendieron a convivir
en círculos de buenas conversación, de debates y discusiones de transcendencia,
para nada comparables con la manera como ahora, supuestamente se pierde el
tiempo, ya no se desea perderlo, se desea olvidarlo, arrancar fiestas como si
hubieran afanes, intensas, de desgaste, de consumo y aprovechando cada segundo
porque vale oro, canciones que no duran más de 10 segundos porque se cae en el
aburrimiento y de notas repetitivas diciendo lo mismo porque no hay mucho que
decir, ya no lo dijeron todo. O que me dicen de
la forma como disfrutan los turistas que nos visitan, con itinerarios,
con un protocolo para todo, tienen hora hasta para ir al baño, no sé qué
sentido tiene tener un poco de tiempo, para enmarcarlo organizadamente en una
rutina. Se creyeron el cuento del ocio productivo, no se la verdad qué sea eso,
para mí el ocio es neta y pura diversión. A los niños cuando están de
vacaciones les imponen cursos y sitios de aprendizaje, donde los bombardean de
información inútil, solo por guardar la esperanza de que algún día sean
“exitosos”.
Existen miles de ejemplos
para evidenciar la manera como se vive el tiempo, pero hacerlo dependiendo de
él, considero no tiene ningún mérito, que tal si soñamos con esperar el
amanecer o levantarnos un día con el único afán de no tener afán y tener un
poco tiempo para perder el tiempo.

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