Cultural


Mi primer trabajo.
Autor: Julián Silva
Pirotecnia Pop




Al viejo Ángel le molestaba que me sentara mientras empacaba panelas en la bodega de mi tío.  Tenía catorce años y era mi primer trabajo.  Ángel contaba casi con el centenar y se emborrachaba bebiendo guarapo cada dos horas.  El hombre del camión y Ángel venían del campo.  Bebían guarapo durante todo el día.  A diferencia de Ángel, el hombre del camión hablaba mucho. 
Ángel escupía donde le daba la gana.  Gruñía, bebía guarapo y escupía.  Su esputo era del color de la panela y apestaba a tabaco de mascar. 
Ángel vivía en la bodega y siempre llevaba las mismas ropas.  El del camión creía que cuando Ángel muriera, lo empacarían como a una panela y lo tirarían al río. 
La mujer de Ángel olía a panela y a tabaco.  Nos leía la palma de la mano a cambio de chocolatinas.  Siempre decía que harías un viaje o que enfermarías pronto. 
El hombre del camión aseguraba que su único viaje sería a la casa de putas esa misma noche.  Ángel se reía y su mujer también.  Todos reían menos yo porque no conocía las casas de putas, pero sí veía en las revistas médicas del abuelo fotografías de las personas que padecían enfermedades venéreas.
Ángel se parecía a los pobres diablos de las fotos.  El del camión lucía saludable aunque pregonaba su renuencia a la hora de usar condón.  Pagaba extra a las chicas por semejante placer. 
Ángel era demasiado viejo como para acostarse con alguien.  Su mujer era más joven pero lucía oscura y seca como una uva pasa.  Coqueteaba con el tipo del camión y conmigo.  Mi tío aseguraba que el del camión se acostaba con ella.  Tal vez lo hacía también con Ángel.
La chica de la tienda me besaba cuando compraba chocolatinas para la mujer de Ángel.  No quería acostarse conmigo porque era demasiado joven para ella.  El del camión me aconsejó que le sacara el aparato a ver si no se le olvidaban las diferencias de edades.  Cuando lo hice se ofendió y no quiso venderme más chocolatinas.  Resultó casándose con el tipo del camión.  Tuvieron tres hijos. 
Ángel murió hace poco.  Llegó al centenar.  Su mujer vive aún.  Luce igual de seca que cuando trabajé en la bodega de mi tío hace quince años.  Con ellos aprendí a masticar tabaco y a beber guarapo en las mañanas.  Supe lo que no debía hacer en caso de visitar una casa de putas, y deduje que sacarle el aparato a una chica cuando te dice que no, es mala idea. 
Fue mi primer trabajo.  Ganaba la mínima cantidad de cinco mil pesos a la semana pero abandoné antes de un mes para disfrutar las vacaciones de diciembre.  Nunca volví a empacar panelas.  Me convertí en abogado que al final de cuentas, resultó siendo casi lo mismo.    

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